Herederos y Esclavos

Pastor Emigdio Osorto

En los tiempos del imperio Romano se practicaba la esclavitud. Se compraba a un esclavo y ese le servía a su amo hasta el día de su muerte. El heredero es parte de una familia y tiene derecho a una herencia. Esta se hace efectiva con la muerte del que va a heredar.

Gálatas 4:1-7 dice: “Pero tambien digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo. Aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley. Para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”.

El niño tiene su herencia, pero aún es incapaz de poder administrarla correctamente. El esclavo es parte de la familia, sin embargo sabe que nunca va a tener una herencia.

Fuimos adoptados por Él

Nosotros éramos gentiles y por ello nunca estuvimos bajo el pacto antiguo. Es decir, nunca estuvimos bajo la ley ya que esto fue para el pueblo de Israel. Sin embargo a través de Jesús formamos parte del nuevo pacto, a través de Jesús tenemos acceso al Padre. Juan 14:6 dice: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí”.

Fuimos adoptados, llegamos al Señor en adopción porque antes éramos gentiles, mas ahora somos hijos. Alguien adoptado llega a formar parte de una familia con todos los derechos como un hijo en la sangre.

Somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo, todos somos creación de Dios. Sin embargo, para llegar a ser hijos de Dios debemos de cumplir con una serie de requisitos. Uno de ellos es aceptar a Cristo como Señor y salvador. Reconociendo que él vino en carne propia a la tierra y reconocer que él murió por nuestros pecados. Y de esta manera es que tenemos acceso al reino de los cielos y a ser hijos de Dios.

Nacimos en un Nuevo Pacto

Dios hizo un pacto con los judíos, pero 470 años antes. Dios previniendo que los gentiles quedarían fuera del pacto, Dios hace una promesa con Abram. Le dice en Génesis 12:1-3: “Pero Jehová había dicho a Abram. Vete de tu tierra y de tu parentela, y la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y hare de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

Abram salió por la promesa a un lugar que no conocía y no sabía lo que le esperaba. Pero se fue por la promesa y la fe en Nuestro Padre celestial. En aquel tiempo ninguno de nosotros existíamos. Pero ya Dios había pensado en nosotros para que formáramos parte de esa promesa. Es decir, que ya estábamos en el plan y en el propósito de Dios.

Nadie vino a la tierra sin un propósito, lo importante es que descubramos para que fuimos llamados. Somos herederos según la promesa. Gálatas 3:29 dice: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

En aquellos tiempos la ley era como un tutor para el pueblo de Israel. Gálatas 3:24-26 dice: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo. A fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.

Somos Hijos por su nuevo pacto

El ayo, en la familia griega, era un esclavo de confianza. Tenía la tarea de velar por los hijos de la familia. El Padre de familia asignaba al custodio, al ayo y este velaba por los hijos de la familia. El ayo tenía muchos privilegios y beneficios pero no era hijo. Y cuando los hijos llegaban a la mayoría de edad quedaban libres de la supervisión de su custodio. Por ello la palabra de Dios dice que en nada difiere el niño con el esclavo. En el momento que llega la salvación a través de Jesucristo, ya quedan libres de la ley.

El Padre sabía que el pueblo de Israel no cumpliría a totalidad la ley. Es decir que era un yugo sobre ellos. Por lo tanto él sabía que tenía que venir un pacto nuevo a través de Jesucristo, como nuestro salvador. Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de mujer y nacido bajo la ley.

Jesús vino en tiempo perfecto, para hablar de la esclavitud, tenía que llegar a un imperio donde existían los esclavos. El pueblo de Israel estaba esperando de Jesús un reino diferente. Ellos pensaban que Jesús llegaría a Israel a libertarlos de la esclavitud porque estaban sometidos al imperio Romano.

Ellos estaban esperando un salvador en lo natural y no tanto en lo espiritual. Pensaban que con su llegada ellos iban a ser libres, que ya no iban a estar bajo el régimen Romano.

Somos parte del Reino de los Cielos

Jesús llego a hablarles de un reino totalmente diferente. Por ello, cuando confrontaban a Jesús, le decían Tu eres el Rey de los Judíos. Pero Jesús decía: Mi reino no es este, mi reino no pertenece aquí, mi reino esta en los cielos”. Nuestro reino esta en los cielos. No solo somos parte de la familia de Dios, también somos parte de su reino, el reino de los cielos. Su palabra dice que en él y para él, son creadas todas las cosas. Es decir que Dios es el creador de todas las cosas y las hizo todas perfectas para su hijo. Así es un padre, todo lo que hace es para que los hijos sean beneficiados. Así es nuestro Padre Celestial, somos coherederos en Cristo Jesús, es decir, que esa herencia tambien es nuestra.

Cuando Dios envía al hombre a la tierra, lo envía para que la señorease. Para que fuéramos dueños de la tierra, por ser sus hijos y sus herederos. Jesús vino a compartir su herencia con nosotros y a sacarnos de la esclavitud con precio de sangre. Cuando Jesús vino, Roma se encontraba en su apogeo.

Había un momento de paz porque todos respetaban al imperio Romano. Todo estaba bien en lo natural, estaban en un apogeo de lo que son los negocios y el comercio. Había abundancia en lo natural pero había decadencia en lo espiritual. Por ello es que Jesús vino en el tiempo preciso, cuando había una gran decadencia espiritual. El pueblo de Dios estaba siendo sometido por los Romanos y por eso estaban esperando al Mesías que los libertara.

¿Cómo entramos al Nuevo Pacto?

La biblia dice en Gálatas 3:8 dice. “Y la escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles. Dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones”. Por medio de Jesucristo, somos hijos engendrados. Juan 1:12 dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre. Les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios. Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Somos engendrados, no solamente adoptados, sino que engendrados de parte de Dios. Nicodemo le pregunto a Jesús ¿Qué tengo que hacer para heredar el reino de los cielos? Y Jesús le dijo: Tienes que nacer de nuevo. Más Nicodemo pensaba con la mente natural. Pero Jesús le enseño que nacer de nuevo consistía en aceptar a Jesús como salvador. 1 Pedro 1:3 dice: “Bendito el Dios y Padre de nuestros Señor Jesucristo. Que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”.

Somos Herederos bajo la promesa

Renacemos por su resurrección para tener una herencia. 1 Pedro 1:4 dice: “para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe. Para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. Siendo renacidos no de cimiente corruptible, sino de incorruptible con la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Según la promesa somos herederos. Gálatas 3:27-29 dice: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer. Todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y heredero según la promesa”. Ya no hay acepción de personas, sino que todos formamos parte de una misma familia.

Efesios 2:12-13 dice: “En aquel tiempo estabais sin Cristo. Alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa. Sin esperanza y sin Dios en el mundo. Ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”. Por medio de la resurrección de Jesucristo es que renacemos con el ADN de Dios, nuestro Padre Celestial.