Un nuevo camino, una nueva vida en Cristo

Pastora Nerea de Osorto

Hebreos 10:19-25 dice: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo. Por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo. Esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios. Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe. Purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengámonos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.  

Esta es una carta escrita para judíos convertidos a Cristo, aquellos que habían tenido una fe firme en Jesucristo. Ellos que esperaban la venida de Jesucristo, comenzaron a recibir y a sufrir persecución a causa de su fe. Muchos perdieron sus casa, sus bienes, algunos fueron encarcelados y otros fueron perseguidos. En ese momento en que es escrito este pasaje bíblico habían pasado 30 años. Ellos dudaron de su fe cuando vieron que la persecución y las pruebas se habían prolongado. Comenzaron a pensar si valía la pena seguir esperando. Por ello el escritor hace una comparación entre la ley de Moisés y el nuevo pacto con Jesús. En Hebreos encontramos una clara evidencia de la superioridad de Cristo, una superioridad que esta sobre toda religión. El libro quería afirmar aquel pueblo que estaba tambaleándose en la fe. Hoy en día la forma de persecución es diferente sin embargo siempre tendremos persecución por la fe en Jesucristo. Aunque esta carta haya sido escrita específicamente a los hebreos, también esta palabra toma vida en nosotros en este tiempo.

 

Jesús rompió el Velo

En la antigüedad había un acceso limitado a la presencia de Dios. El tabernáculo tenía un velo para entrar al lugar santísimo, este velo separaba al pueblo de la presencia de Dios. El pueblo no accesaba a esa presencia, el único que podía entrar al lugar santísimo era el sumo sacerdote. Además el sumo sacerdote solo podía entrar una vez al año a la presencia de Dios. Mas ahora bajo el nuevo pacto en Cristo Jesús tenemos libertad para estar con él. Existe un camino abierto que nos da acceso a la presencia de Dios. Podemos conectarnos directamente con la presencia del Dios Padre. Podemos oír su voz y gozar de las promesas y los privilegios de estar en ella. Jesús vino a romper el velo y nos permitió accesar al lugar santísimo.

La base de nuestra relación personal con Dios es el sacrificio vivo de Jesucristo en la cruz del calvario. En Marcos 15:38 dice: “Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”. Jesucristo simboliza el velo el velo era lo que separaba al Lugar Santo del Lugar Santísimo. Era necesario que ese velo se rasgara. Eso significaba que ya no hay nada que impida el poder conectarse a la presencia de Dios. El velo representa el cuerpo partido de Jesucristo. 1 Corintios 11:24 dice: “Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed. Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí”. Es decir que era necesario que su cuerpo fuera partido, porque de lo contrario el velo no hubiese sido rasgado. Jesús abrió un acceso que nos permite poder entrar directamente a la presencia del padre.

Un Nuevo Pacto, un Nuevo Camino

Este es llamado un camino nuevo, un camino que nos accede directamente a la presencia de Dios. En los tiempos antiguos, los sacrificios que se hacían nunca los llevo a la presencia de Dios. El sacrificio de animales lo que hacía era despertar la conciencia del pecado. Hebreos 10:4 dice: “Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”. Solamente la sangre de Jesucristo es la única que tiene el poder para limpiar y quitar todo pecado. La perfecta obediencia y sacrificio de Jesucristo fue lo único que abrió este camino, y se le llama camino nuevo. Nunca va a caducar, no se va a envejecer y no va a dejar de ser. En Hebreos 8:13 dice: “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero. Y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer”.

Jesús declaro que él, es ese camino nuevo, él es el velo. El mismo entro por él y el mismo lo dejo abierto para que todos. Para los que reconocen por la fe que murió y resucito al tercer día, sean partícipes de ese camino.

 

Tengamos un corazón sincero para Dios

Su palabra dice que nos debemos acercar a él con un corazón sincero. La palabra sincero quiere decir transparentes, genuinos, sin engaño, con sencillez y con una desnudez total delante de Dios. Nadie puede entrar por ese camino si primeramente no entra en una actitud de sinceridad. Muchas veces queremos acercarnos pero tenemos vergüenza a causa de la culpa y eso nos impide acercarnos a su presencia.

Un pecado debe ser confesado sino ese pecado no confesado te lleva a realizar otro pecado para tapar el primero. David dijo en Salmos: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Y esto es lo que Dios espera, que nos presentemos con un corazón sincero y transparente.

Toma de su gracia sobre gracia

Muchas veces queremos acercarnos a Dios con atajos. Haciendo buenas obras, ayunando, orando, leyendo su palabra porque creemos que de esa manera seremos aceptados y aprobados por Dios. Sin embargo nada de esto funcionara. Solo presentándonos ante Dios pidiendo que su misericordia y su gracia se manifiesten sombre nuestras vidas. La gracia de Dios tiene que ver con la capacidad que Dios nos da para vencer nuestros pecados. Por eso Juan dijo en Juan 1:16; “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”. La gracia de Dios nos da fuerzas para vencer nuestros obstáculos. Pero para poder experimentar esa medida de gracia tenemos que venir delante de él con un corazón sincero, sin justificaciones.

La culpa es la consecuencia del pecado, esta nació en el jardín del Edén. Antes que Adán y Eva pecaran ellos transitaban por el Edén desnudos, probablemente estaban vestidos de la gloria de Dios. Una vez que pecaron vino culpa y vergüenza sobre ellos y se escondieron de la presencia de Dios. Esto es lo que pasa cuando acarreamos culpa y vergüenza, nos escondemos de su presencia. Solo la sangre de Jesucristo pudo quitar el pecado. Su palabra dice que él ya conoce las intenciones del corazón. Es decir él ya nos conoce entonces si es así, ¿Para que escondernos?

 

Ten fe en su obra redentora

Acercarnos en plena seguridad de la fe cuando hay un corazón sincero, este evidencia fe. Lo que precede a un corazón sincero es la fe. Es la fe en la obra redentora de Cristo Jesús, del sacrificio vivo de Jesucristo en la cruz del calvario. Es la fe y la certeza de que él tiene el poder para limpiarnos. Que no es por los méritos u obras buenas que hagamos sino porque Jesús ya abrió un camino. Él pago el precio para que podamos conectarnos con su presencia.

Cuando pensamos que no somos dignos de estar con él, dudamos de la obra redentora que Jesús hizo. El ladrón que se encontraba a lado de Jesús en la crucifixión tuvo gran fe. Tuvo la suficiente fe para decirle a Jesús: “Cuando estés en el paraíso acuérdate de mí”. Este hombre reconoció que mayor era el sacrificio que Jesús estaba haciendo, tenía la convicción que Jesús era inocente. Que su muerte era para salvación y que era lo suficientemente poderoso para perdonar sus pecados.

 

Se libre de la mala conciencia

Busquemos tener el corazón purificados de una mala conciencia. Su palabra nos muestra que el asiento de los malos pensamientos se encuentra en el corazón. Marcos 7:21-23 dice: “Porque dentro, del corazón de los hombre, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidas. Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”.

El acto de limpiar al hombre del pecado inicia con su ser interior. Según la ley de Moisés la limpieza debía ser externa. Debían de cumplir con algunas normas y doctrinas de hombre, apartarse de algunas cosas. Para ellos las personas que cumplían todas estas normas eran justificados porque el cambio era externo. La religiosidad demanda un cambio externo. Pero la palabra nos dice en Hebreos que nadie puede cambiar externamente si primero no tiene un cambio interno. El cambio viene de adentro hacia afuera. Cuando comenzamos a experimentar cambios en nuestro ser interior comenzaremos a vivir cambios en nuestro exterior. Hebreos 9:13-14 dice: “Porque, si la sangre de los toros y de los machos cabríos. Las cenizas de la becerra rociada a los inmundos, santifican para la purificación de la carne. ¿Cuánto más la sangre de Cristo? El cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios. Limpiara vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo”.

La entrada a su Santuario requiere limpieza

Debemos ser lavados de agua pura, es decir la limpieza espiritual. Esto está basado en lo que hacían los sacerdotes en los tiempos de Moisés. Ellos antes de entrar al santuario se consagraban y la consagración tenía que ver con lavarse con el agua. Para nosotros como hijos de Dios la limpieza la hace Él y es diariamente. Así como las escrituras dicen en 2 Corintios 7:1; “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas. Limpiémonos de todas contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.

Esta limpieza no tiene que ver con la salvación sino con el proceso de la restauración. Aquellos que ya aceptaron a Cristo en su vida, entran en un proceso de restauración. Dios purifica nuestras vidas de toda maldad y nos deposita sus tesoros. Tales como el amor, la paz, el gozo, la santidad, y todo esto es llevado a cabo día con día. Alegrémonos cuando estemos en estos procesos de restauración, significa que Dios está haciendo su obra en nosotros.

Privilegios al vivir en el caminar de Cristo

Podemos crecer en la fe y profundizar en la presencia de Dios. Hebreos 10:23 dice: “Mantengamos firmes, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Muchas veces nos encontramos fluctuantes, y claudicamos en la fe, pero es necesario permanecer en el ella. Junto con la fe viene la esperanza y es que esperamos que acontezca en el futuro. Hay que mantenernos firmes en lo que hemos hablado y creído que Dios hará con nosotros. La esperanza deberá estar cimentada en la convicción y la certeza aquel fiel es aquel que prometió. Pablo le dijo a Timoteo milita según las palabras proféticas que te fueron dadas. Pablo le quería decir pelea la buena batalla parado en las palabras proféticas que te fueron dadas. Lo profético tiene que ver con lo futuro, con lo que ha de venir, con lo que Dios hará. Nuestra fe debe de estar cimentada en eso y no en nuestra capacidad de poder creer.

Como hermanos podemos ayudarnos unos a otros. Hebreos 10:24 dice: “Y considerémonos unos con otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”. Debemos de tenernos en cuenta unos a otros porque el diseño de Dios fue el de un solo cuerpo.

Somos uno en Cristo

No podemos decir que amamos a Dios sino lo manifestamos con los que están a nuestro alrededor. No podemos decir que amamos al hermano si no expresamos las buenas obras. Es a través de las buenas obras que el amor se deja entrever. Cuando amamos a Dios podemos amar a nuestro hermano y podemos apoyarnos, estimularnos unos a otros. Podemos levantar al caído y levantar al que esta menesteroso. Efesios 2:19 dice: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos. Sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”. Es importante entender que este camino nuevo no se puede recorrer sino es a través de la hermandad.  

Tenemos el privilegio de reunirnos y adorar juntos al Dios vivo. Hebreos 10:25 dice: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos. Y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. El dejar de animarnos unos a otros y dejar de congregarnos se traduce como aislamiento. En la familia de Dios no podemos hacer acepción de personas sino que nos hacemos participes unos con otros. Es en la congregación de los santos que hay libertad, hay perdón de pecados, hay redención.