La Verdadera Adoración

Pastor Paulo Reyes

 

Juan capítulo 4 nos muestra que Jesús nos enseña la forma correcta de adoración que el Padre está buscando. Jesús habla de una adoración que debemos practicar en todo lugar y en todo momento con nuestra propia vida. La falsa adoración está conectada con la falta de conocimiento de Dios. Cuando adoráramos a Dios, la motivación viene de quien es Dios y quien es Dios con respecto a nosotros. Estos son factores que tomamos en cuenta al momento de levantar adoración al Padre. Porque si no conocemos a la persona de Dios entonces estaríamos ante una falsa adoración.

Cuando se trata de adorar a Dios, el conocimiento de quien es Dios, es uno de los factores más importantes. Esto para obtener una verdadera adoración. En las escrituras encontramos instrucciones o consideraciones a tomar en cuenta para adorar a Dios de forma verdadera. En Salmos 100 David dio ciertos parámetros a un pueblo que estaba siendo conformado a una cultura de adoración. Estos parámetros que se deben de tomar en cuanta no son opcionales sino que obligatorios en un adorador. En los Salmos vemos continuamente a Dios siendo celebrado por el pueblo de Israel. Los Salmos fueron creados para enseñar al pueblo a como Adorar a Dios.

Razones para adorar a Dios

Salmos 100:1-5 dice: “Canta alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría. Veníd ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza. Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones.” En los Salmos encontramos instrucciones de porque Dios debe de ser adorado. Este pasaje bíblico es una invitación de adoración al Padre.

El pueblo de Israel estaba siendo educado para adorar a Dios, estaba siendo culturizado para rendir culto a Dios. Existen parámetros para ofrecer una verdadera adoración, y son los siguientes:

 

Vivir bajo una actitud de Triunfo

Eso significa Cantar Alegres a Dios. En Salmos 100:1 dice: “Cántale con alegría a Dios”, es decir estar centrados en su persona. Cantad alegres en el idioma hebreo tiene varios significados y uno es dar un grito de triunfo sobre un enemigo. Es decir que la primera instrucción para la verdadera adoración es celebrar bajo una actitud de personas triunfantes. Personas que no viven derrotados sino en triunfo, en victoria, en gozo. Una verdadera adoración es la actitud de cantar bajo una posición poder en poder. Con todo hay que gozarse en el Dios la salvación.

El verdadero adorador tiene la habilidad de transformar el valle de lágrimas en lugar de risa, celebración, de triunfo. El adorador debe de vivir bajo una actitud de triunfo sabiendo que sirve a un Dios no conoce derrota. Dios a través del Salmista David, le dice a Israel. “Todos aquellos que ha definido ser adoradores vengan y cántenle alegres a Dios. Cántenle desde una posición de victoria, desde una posición de triunfo.”

 

La verdadera Adoración se ejecuta con Alegría

“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, En cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, Cuando la lluvia lleno los estanques. Irán de poder en poder; Verán a Dios en Sion”, Salmos 84:5-7. Cuando Israel iba hacia Sion debía de pasar por un valle de las Lágrimas, seco y árido. Es decir que un adorador tiene la facultad de pasar por valle de lágrimas y gozarse en medio de él. Sin embargo, siempre abra una lluvia temprana que terminara llenando de aguas ese valle seco.

Nunca debemos de adorar desde una posición de derrota, no importando por qué situación estemos pasando, debemos cantar con alegría. Porque en valle seco, habrá una lluvia temprana que terminara por llenar ese lugar con estanques y huertos de riego. El verdadero adorador entiende que en algunas ocasiones debe de cruzar por valles secos y por valles de lágrimas. Pero que al final del camino ira de poder en poder. Es decir que en algún momento se encontrara cara a cara el Dios del triunfo.

 

Sirve a Dios con Deleite

La palabra servir tiene que ver con hacer una obra, con hacerse uno mismo siervo, trabajar. La palabra alegría tiene que ver con un profundo gozo y deleite. El verdadero servicio procede de un corazón adorador, la verdadera adoración nos va a llevar a servir. Todo adorador tarde o temprano se encontrara sirviendo a Dios con alegría. El servicio no es una carga impuesta para aquel que adora sino más bien es un privilegio y un deleite. Es ejecutar un trabajo para aquel a quien adora. El verdadero adorador también dará un verdadero servicio no importa si paso por el valle de lágrimas, adora con alegría. Por tanto también sirve con alegría porque el servir para él es un deleite.

En el lugar de nuestro servicio ahí está nuestra bendición. Por ello es que aun en momentos de prueba debemos continuar sirviendo a Dios con alegría. El servicio empodera, y es ahí donde la palabra se vuelve un hecho: “El gozo del Señor es mi fortaleza”. Jehová se goza en aquellos que le sirven, en aquellos que hacen una labor para él. El peor error en el que puede incurrir un adorador, es alejarse del lugar de su tarea. Tarde o temprano el lugar de tu servicio a Dios, traerá recompensa y remuneración, Dios está preparando tu lluvia. El verdadero servicio proviene de un corazón que no está puesto en las circunstancias sino en Dios. El servir no es una opción para el adorador, es una orden, es una obligación.

 

Correr a su Presencia

Venid en hebreo significa correr, llegar, transportarse. Muchas personas no terminan de llegar a la presencia de Dios, sino que quieren que otros lleguen por ellos. Viven de las oraciones que hacen por ellos y solo se empapan de la lluvia que otros provocan. Cuando se habla de lluvia se refiere a la bendición. Dios nos llama no solo a adorarle y servirle con alegría sino que también nos llama correr a su presencia. El verdadero adorador es él que tiene que llegar a la presencia de Dios. Cuando estamos en la presencia de Dios, hará cambiar nuestras circunstancias.

La presencia es el lugar del gozo, es la fuente que nutre al adorador. Es la fuente que te hace nutrir para seguir caminando en los siguientes valles. Los israelitas venían año con año a Jerusalén y repetían ese peregrinaje, pasar por el valle de las lágrimas. Pero así como dice en las escrituras ellos al final del camino se encontrarían con su presencia. La presencia de Dios nos prepara para la siguiente circunstancia. Por eso David deja como una obligación para todo adorador correr a la presencia de Dios.

 

Reconocer que ÉL es Dios

Todo adorador para encontrar una verdadera adoración necesita de reconocer en primer lugar que él es Dios. La palabra reconocer tiene que ver con una palabra en hebreo que significa intimidad, discernir. En algún momento el adorador necesita descubrir que él es Dios. Él es Padre y nosotros somos sus hijos por lo tanto nos debemos a él y tenemos que adorarle. Salmos 115:1 dice: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria. Por tu misericordia, por tu verdad”. Y el verso 3 dice: “Nuestros Dios está en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho”. Cuando no logramos reconocer que suya es la gloria, perdemos conciencia de que él es Dios. Debido a eso adoramos cualquier cosa menos a aquel que se tiene que adorar.

La adoración nos lleva a depositar confianza. Cuando aprendemos a conocer que él es Dios, entonces comprendemos que él es autosuficiente. La adoración se trata de un encuentro en el cual constantemente estamos conociendo quien es él. Eso nos lleva a poder adorarlo porque no se puede adorar sin conocer. La mujer Samaritana no conocía lo que adoraba porque Jesús le dijo: “Ustedes adoran lo que no conocen”.  Como ella no conocía al Dios santo, su vida y su manera de proceder no podían ser santa. Estamos llamados a conocer más a Dios, él es nuestro Padre.

 

Reconocer que Pueblo suyo somos

Debemos reconocer que somos su pueblo. Esto habla de un sentido de pertenencia, entender que tenemos dueño. Por ello su palabra dice: “Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos”. Como adoradores no nos mandamos solos, sino que tenemos un creador y dueño que nos diseñó para cumplir un destino. Cuando sabemos que tenemos un dueño entendemos que él es quien nos indicara que hacer y qué no hacer. El adorador entiende que todo lo que posee es de su dueño.

Como hijos de Dios, la adoración siempre nos llevara a conectarnos y a depender del dueño de nuestra vida. Fuimos comprados por él, con su preciosa sangre, algo que es invaluable dentro de las riquezas humanas. Tenemos dueño que nos compró, nos redimió y nos sacó del mercado de esclavitud del pecado para ponernos en libertad. Él es el que definirá como debemos vivir, que tenemos que hacer y como lo tenemos que hacer. Todo porque él es nuestro dueño y esto es un imperativo y no una opción.

 

Reconocer que Somos Ovejas de su Prado

El salmista utiliza instrucciones que debe de reconocer un adorador. Reconocer que él es Dios, reconocer que él es nuestro dueño y que él es el conductor de nuestra vida. Una oveja sabe que para llegar a los mejores pastos depende de su pastor. Así mismo el adorador sabe que para llegar a las mejores circunstancias de su vida depende del buen Pastor. El infundirá aliento con su vara y su callado cuando este transitando por el valle de sombra y de muerte.

Pablo dice en Romanos 8:14 que: “Porque los que son guiados por el Espíritu, estos son hijos de Dios.” El que es hijo, se deja guiar. Cuando Pablo hablaba de un hijo se refiere a alguien que se deja manejar y conducir por el pastor. El adorador se deja pastorear por su creador, por su dueño quien es Dios.