El Desanimo

Pastor Didiher Osorto

Existen tres obstáculos que el enemigo pone para desviar el propósito de Dios en la vida de un creyente. Estos son: el engaño, las distracciones y el desánimo o el desaliento. El desánimo viene cuando ya no hay esperanza en nuestro futuro. Cuando no encontramos respuesta alguna por la cual decidamos sentir alegría, gozo y contentamiento. El desánimo tiene que ver con algo que sucede hoy en el presente y que lo proyectamos al futuro.

Cuando el desánimo viene lo que pasa es que provoca en nosotros pensamientos negativos de frustración e impotencia. Trae sentimientos de desesperación e inseguridad. El desánimo es la plataforma en donde pelea en nuestras mentes las promesas de Dios para nuestras vidas.

Bajo los pensamientos de desesperación, ponemos contra peso las promesas de Dios y las comparamos con lo que estamos viviendo. A esto se le llama desánimo. David en el Salmo 39:7 dijo: “Y ahora, Señor, ¿Qué esperaré? Mi esperanza está en ti”. El desánimo es cuando creemos que es el tiempo de que algo suceda y no sucedió.

 

Apártate de los caminos de desilusión

Lucas 24:13-14 dice: “Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús. Que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido”. Cuando el versículo 13 menciona “el mismo día”, se refiere al día en que Jesús había resucitado. El tercer día, los discípulos se estaban alejando de Jerusalén, ellos caminaban con desesperanza porque su fe se había perdido. Ellos iban de regreso al lugar donde todo se había originado, es decir ellos habían estado 3 años con Jesús. Ellos recibieron palabras y enseñados por Jesús, pero el día más importante ellos decidieron regresar con desesperanza, tristeza y desánimo.

Jerusalén para ellos representaba la espiritualidad, la asignación de la tarea. En Jerusalén ellos tenían que esperar al consolador, esperar la manifestación de Jesucristo resucitado. Sin embargo ellos iban de regreso a Emaús el cual representa desesperanza, desilusión, tristeza, fracaso.

El camino de Emaús representa aquellos que no han entendido el mensaje de la cruz. Mensaje que dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo tome su cruz y sígame”. Este lugar representa el camino de aquellos que sintieron la ilusión de la llamada. Aquellos que ahora sienten el vacío de una desilusión o de un desánimo. Muchas veces cuando las cosas no salen como las hemos planeado caminamos hacia nuestro propio Emaús. Vamos hablando y recordado todas las cosas que nos han pasado, y decidimos retroceder. Sin embargo Dios nos ha llamado a no dejar de creer en él y dejar el camino de la desilusión.

 

Nadie está exento

En las escrituras podemos encontrar a grandes hombres de Dios que en algún momento se desanimaron. Entre ellos esta Moisés, en Números 11:15 dice: “Y si así lo haces tú conmigo. Te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal”.

También Josué se hallaba en un tiempo de desánimo en el versículo 7 del capítulo 7. “Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Porqué hiciste pasar a este pueblo el Jordán para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!”.

Elías en 1 Reyes 19:4 dice: “Y él se fue por el desierto un día de camino. Y vino y se sentó debajo de un enebro. Y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres”. Job también es otro hombre que tuvo momentos de desánimo. En el versículo 1 del capítulo 10 dice: “Está mi alma hastiada de mi vida. Daré libre curso a mi queja, Hablaré con amargura de mi alma”.

David en Salmos 42:6 dice: “Dios mío, mi alma esta abatida en mí. Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar”. Y así hay muchos grandes hombres, que a lo largo de la historia, se encontraron en tiempos de desánimo. Ellos tenían una expectativa pero la realidad era otra. Ningún hijo de Dios esta exento del ataque del desánimo. Todos en algún momento o etapa de nuestra vida hemos pasado por tiempos de desánimo. Entre más daño le hagamos al enemigo más podemos encontrarnos estos tres grandes obstáculo que el maligno pone.

 

Efectos del desánimo

No nos permite ver que Jesús está con nosotros

Una evidencia del  desánimo en nuestras vidas es que sentimos que Dios no se ha apartado de nuestro lado. El desánimo pone velos para que no nos demos cuenta que Jesús va caminando con nosotros. En las escrituras dice que los discípulos que iban camino a Emús discutían entre sí. Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos, mas sus ojos estaban vendados, no le conocieron, estaban cegados.

Era tanto el grado de desánimo que ellos tenían que no reconocieron a Jesús. El desánimo hace difícil entender que aun en los momentos más difíciles ahí está Jesús. Eso sucedió con los discípulos que iban en la barca donde había una gran tempestad. Se encontraban con temor, perdidos, aun sabiendo que Jesús estaba con ellos. Tanto fue el temor que se les había olvidado de que si Jesús iba en su barca, ellos no perecerían.

Muchas veces nos encontramos en esa misma situación. Es tan extremo el desánimo en nosotros que no nos permite ver que él nunca nos ha abandonado. Que él nunca nos ha dejado, que él siempre ha estado ahí del lado de nosotros. Que él como buen Padre que cuida y ama a sus hijos, siempre ha estado extendiendo su mano sobre nosotros.

 

El desánimo nos hace creer que es en nuestro tiempo

El desánimo tiene la capacidad de vendarnos, el desánimo puede dejarnos inmóviles ante las mejores oportunidades. El desánimo no nos permite ver las buenas cosas que están pasando alrededor de nuestras vidas.

La mente de estos discípulos estaba puesta en lo que no había pasado. Todo lo que ellos iban hablando era lo que no había sucedido. El desánimo les negó la oportunidad de poder disfrutar a Cristo resucitado.

Dios no va a obrar en nuestros tiempos, ni va a obrar de la forma en que nosotros creemos. Es por eso que muchas veces entramos en desánimo, porque creemos saber cuál es el tiempo. Creemos saber cómo era la forma que Dios tenía que hacerlo.

Y de esa manera cuando Dios no cumplió ni nuestros tiempos, ni nuestras formas, nos desanimamos. Mas es necesario saber que el tiempo de Dios es bueno, agradable y perfecto. Que nuestros caminos no son sus caminos y que nuestros pensamientos no son sus pensamientos.

 

El desánimo abre la puerta a la tristeza y nos conduce a la queja

La biblia en Lucas 24:17 dice: “Y les dijo: ¿Qué platicas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y porque estáis tristes?” Había tristeza en ellos y la tristeza se reflejaba en lo que ellos hablaban. No es necesario decirle a la gente que estamos triste si no que esto se refleja en los que decimos. Nadie se alegra de las adversidades, sino cuestionamos a Dios y viene la tristeza y el desánimo a nuestras vidas.

Nuestra mente en este estado nos lleva a la queja, y a la murmuración. Debatimos con Dios si es justo o no lo que nos acontece, si lo merecíamos o no. Es un debate en el cual nuestra mente natural jamás va a entender que hay detrás de toda esa adversidad. Números 21:4-5 dice: “Después partieron del monte de Hor, camino al Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom. Y se desanimó el pueblo por el camino. Y hablo el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”.

El pueblo de Israel comenzó a murmurar contra Dios y contra Moisés después de que se desanimó. Muchas personas cuando comienzan el camino Cristiano se quejan que antes de venir a Cristo no les acontecía ninguna adversidad. Esto es porque antes el enemigo ya los tenía en sus manos entonces no tenía la necesidad de molestarlos. Más los que estamos en Cristo sabemos que siempre tendremos una lucha contra el maligno. Que muchas pruebas nos acontecerán, porque el que es amigo de Dios es enemigo de Satanás.

Satanás no se mete con aquellos que no le produce ningún tipo de batalla o lucha. El enemigo arremete contra aquellos que están haciendo avanzar el reino de la luz contra el reino de las tinieblas. Pablo decía que nos gloriáramos en las pruebas. Que cuando el enemigo viene y arrecia contra nosotros tenemos que estar seguros de que algo estamos haciendo bien. Más bien aquel que no le acontece nada quiere decir que va por el camino equivocado.  

 

El desánimo es contagioso

Los discípulos dijeron en Lucas 24:21-24: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel. Y ahora, además de todo eso, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro. Y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo  que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro. Y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.”

Una característica de El Desánimo es que es contagioso. Comenzamos hablar de la realidad de las cosas pero desde de nuestra óptica. Sin embargo Jesús ya lo hizo y nosotros ni siquiera nos damos cuenta. No hemos abierto los ojos para ver el milagro hecho en nuestras vidas. La forma en como Jesús opero no era la que nosotros creíamos que tenía que haber sido.

El desánimo contagia y por eso es importante saber que estamos hablando cuando nos desanimamos. Debemos de ser cuidadosos de lo que compartimos a la gente que está a nuestro alrededor. Hay poder en nuestras bocas, Mateo 15:11 dice: “No lo que entra en la boca contamina al hombre. Mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”. En las palabras que nosotros hablamos de nuestra realidad, hay un poder, tenemos un poder para contagiar a los demás.

 

El Desánimo revela la verdadera expectativa que tenemos sobre Jesús

Mientras los discípulos hablan, ellos lo que revelan era la expectativa que ellos tenían de Jesús. Porque ellos le dicen: “Nosotros creímos que él era el que iba a redimir a Israel.” Ellos entendieron que se trataba de una Redención Natural en Israel. Sin embargo el mensaje de Jesús era acerca de una Redención Espiritual. Ellos no entendieron que Jesús se levantaría de los muertos, que él ya no andaría con ellos como antes. Entonces por ello se desanimaron.  La forma en que Dios hizo las cosas no era como ellos creyeron que debía de ser.

Ya que el milagro que obtuvimos no nos gustó la forma como se hizo, entonces desmeritamos la obra de Dios. Jesús lo que hizo con los discípulos es que le redefine, la forma como lo tienen que ver a él. En Lucas 24:25 dice: “Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” Jesús les redefine a ellos su forma de operar. Nos enseña de que su palabra no se cree con los ojos, sino que se cree con fe. El que quiera entender la revelación de la resurrección de Cristo a través de su mente natural será un insensato.

 

Si hay padecimiento, hay Gloria

Si hay padecimiento hay gloria, eso habla Lucas 24:26-27: “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”. Jesús les da una catedra para redefinir su persona ante ellos. La conceptualización que tenemos de Jesús es aquel que va a venir a apagar el fuego solo cuando estamos necesitados.

Es cierto que hay redención, salvación y bendiciones en él pero todo esto viene de la redefinición de su persona. Jesús debía de padecer todas esas cosas para entrar en su propia gloria. Si entendemos eso adquirimos madurez espiritual. Sabiendo que nosotros también somos juntamente crucificados con él para ser herederos y coherederos con Cristo.

Jesús habla de un padecimiento, habla de un dolor, habla de algo que no es gratuito. Cuando él dice tome su cruz, niéguese y sígame no se refiere a que nos dará todo lo que pidamos. Romanos 8:17 dice. “Y si hijos, también heredero; herederos de Dios y coherederos con Cristo. Si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

Era necesario que padeciera entrando a su propia gloria así la iglesia entraba en una nueva era. La iglesia entraba en una nueva dimensión, en una nueva temporada y Jesús tenía que padecer y morir para ello. A partir de eso la iglesia iba a entra en un poder sobrenatural pero en el Nombre de Jesús.

 

¡Toma su Cruz y Síguele!

Estamos llamados a padecer juntamente con Jesús, porque si hay padecimiento hay gloria. Hebreos 5:8 dice: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió obediencia.” Jesús se les revelo, una vez que les redefine su persona.

El necesitaba sacudir a estos discípulos para que entendieran lo que significaba la redención de Jesús en el mundo espiritual.  Jesús quiere darnos la revelación de quien es él y como obra para entender que él ya hizo las cosas.

Estas cosas por las que hemos orado e intercedido y que quizás han provocado el desánimo en nosotros. Dios las obro a través del poder de la resurrección pero no han venido a manifestarse a nuestros ojos naturales. El espera que entendamos que hay un padecimiento juntamente con él para que seamos herederos y coherederos con Cristo.